En el año 2002, gracias a una campaña política basada exclusivamente en la necesidad de derrotar a las FARC, fue elegido por primera vez el actual presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez. Su victoria, alcanzada con el 53% del total de votos (5.862.655 de votos, de 11.249.734 de personas que votaron, equivalente al 46.71% del censo electoral) es bien entendible dadas las múltiples y frecuentes acciones violentas de las FARC que aquejaban la población, y es la consecuencia de un discurso guerrerista que la sociedad colombiana no había escuchado quizás en muchos años. La promesa del candidato fue derrotar a la guerrila de las FARC (grupo responsable de la muerte del papá de Uribe en 1983) a cualquier costo, y terminar definitivamente con la corrupción y la politiquería que han reinado siempre en Colombia. Eso tenía contento al pueblo colombiano !
Una vez en su cargo de presidente, todos los programas de gobierno apuntaban hacia la guerra contra las FARC, que más que un hecho por amor a la patria era el motivo de una venganza personal. Evidentemente, el sostenimiento de una guerra requiere de suficientes recursos económicos, y en consecuencia los recortes fiscales a los programas sociales del país fueron bastante apreciables. Si bien la crisis social pasó desapercibida en sus primeros años de gobierno, las graves consecuencias de destinar más del 6% del PIB al gasto militar, son bastante evidentes hoy en día, y el presidente Uribe tiene al puelo colombiano al borde de una crisis social, que algunos no quieren ver porque se sienten seguros con la denominada "seguridad democrática", que les permite viajar por las carreteras de Colombia sin temor de ser víctimas de pescas milagrosas (secuestros masivos). Triste, pero esa es la mentalidad de algunos de los seguidores de Uribe.
En su primer período, algunos triunfos guerreristas y la negociada desmovilización de los grupos de autodefensas, hicieron que el presidente Uribe ganara popularidad, y como consecuencia de lo que él llama la voluntad del pueblo, se formularon proyectos de ley para modificar la Constitución y validar la reelección. Sin muchas dificultades administrativas y jurídicas, y con el ofrecimiento de algunos puestos y notarías, los proyectos fueron aprobados, y fue así como Alvaro Uribe fue elegido por segunda vez en el año 2006 con 7.397.835 de votos, votación nunca antes alcanzada por un candidato a la presidencia de Colombia, pese a la comprobada vinculación de muchos políticos de su bancada con grupos paramilitares.
En las dos campañas presidenciales (2002 y 2006) se comprobaron irregularidades y el financiamiento de grupos al margen de la ley, pero por tratarse de una vieja costumbre nacional, los hechos quedaron relegados a la historia, y no hubo responsables.
En su segundo período, Alvaro Uribe se presenta como una persona aún más recia, y los multiples escándalos que salen a la luz pública (Yidis Política, chuzadas del DAS, Agro Ingreso Seguro, falsos positivos, el enriquecimiento de sus hijos al ser beneficiados con políticas públicas) son simplemente clasificados como asuntos menores provocados por la oposición, que según él debe tener vínculos con las FARC.
Ese repetido discurso del presidente Uribe, de que todos sus no seguidores son clasificados como terroristas o guerrilleros de las FARC ha polarizado al país, y se ha convertido en la filosofía de los uribistas. Ejemplos hay muchos. Basta con leer las columnas de opinión de los diarios colombianos para darse cuenta que cualquier columnista o autor de comentario que escriba algo contra el gobierno de Uribe es vilmente catalogado como perteneciente a las FARC. Triste es que esa no real mayoría uribista se sienta con el derecho de atropellar a los demás cuando se le venga en gana, dado que se creen los dueños de la verdad. Será que el presidente Uribe no se cuenta de que su discurso antiterrorista ha generado una gran violencia en la sociedad colombiana, que no admite grises entre el negro y el blanco? Hasta dónde nos llevará la política de "seguridad democrática", que ha llegado al punto de ofrecer limosnas ($100000/mes - US$40/mes) a los estudiantes universitarios para que se conviertan en parte del conflicto y trabajen como informantes del ejército y la policía? Dónde están entonces todos los recursos que se han invertido para sostener y fortalecer las fuerzas militares de Colombia? Tendremos todos los colombianos de bien que ser víctimas de la venganza personal de Uribe contra las FARC, y someternos a los continuos atropellos del gobierno y de sus seguidores? En estas condiciones, cada vez estaremos más lejos de la seguridad, y aún mucho más distantes de la democracia.
Estoy convencido de que el principal problema de Colombia no son las FARC, sino la burocracia, la carencia de educación, la falta de sentido de pertenencia, la ausencia de inversión social y el continuo y sistemático robo al erario público. Estoy seguro de que Uribe no es lo mejor que le ha pasado a Colombia. Aclaro que no pertenezco a las FARC, y exijo se me respete el derecho de pensar diferente !